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Agudo, bestial, brutal, el aullido volviô espectro el rostro de la hetaira. Una corona de botella como relâmpago en la media luz del tugurio. La erupciôn de sangre a manera de mortaja sobre el repentino silencio de las teclas. Los gritos de la catarata de mujeres de tanto por copa. Las pistolas en alerta. Un jirôn de falda cobijando la mejilla desgarrada del pianista. Un pedazo de noche de aquella Santa Marîa la Redonda de la segunda mitad de los 20.

