Vivir con nuestros hijos nos enriquece y transforma. Es como seguir un curso acelerado que nos conduce a través de las principales experiencias de la vida con una comprensión más profunda y una atención más intensa que lo habitual: la belleza, el amor, la inocencia, el juego, el dolor, todo queda iluminado por una luz nueva cuando deja que sus niños le enseñe.
