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5.0 out of 5 stars
Quizá el mejor libro de Zweig,
By César Tort (Eurabia) - See all my reviews
This review is from: Confusion de Sentimientos (Miedo la Coleccion Imaginaria) (Spanish Edition) (Paperback)
Quisiera citar algunas frases de mi vieja copia de "La confusión de los Sentimientos" de Stefan Zweig (México, DF: Editorial Época, 1979). El caso es que es más fuerte, más importante, la confesión autobiográfica que la literatura, incluyendo el teatro, la novela, y la poesía.Zweig parece haber iniciado su vocación de biógrafo profundo precisamente a partir de una tamaña confesión autobiográfica: la antítesis a lo que en la vida real sucede en las terapias, en tanto que aquí no había dinero de por medio, sino una genuina amistad entre maestro y pupilo. "La confusión de los Sentimientos" es un gran libro, quizá el mejor libro de Zweig, y ratifica mi misión de que el género de la autobiografía total debe nacer como un nuevo género literario, como lo intenté en "Hojas susurrantes". Zweig escribió: Y de ese modo, yo que dediqué una vida entera a describir a los hombres de acuerdo a sus obras, y a objetivar la estructura intelectual de su universo, comprobé, precisamente por mi propio ejemplo, hasta qué punto permanece impenetrable en cada destino el núcleo verdadero del ser. (pág. 11) No estaba doctoralmente sentado en una distante cátedra, sino sobre una de las mesas, con la pierna colgando ligeramente, casi como un estudiante... Breves minutos se necesitaron para que yo mismo, olvidando ya el carácter de intrusión de mi presencia, sintiese obrar magnéticamente la fascinadora dureza de su discurso; me acerqué un poco más, a pesar mío, a fin de ver, además de oír las palabras, los gestos notablemente rotundos y amplios de las manos... al gesto moderador de un director de orquesta. Y la arenga se iba haciendo siempre más ardiente... Nunca, hasta ese momento, había oído a un ser humano hablar con tanto entusiasmo y de un modo tan realmente cautivador; asistía por vez primera a eso que los romanos llamaban raptus, es decir, al vuelo de un espíritu por encima de sí mismo... Nunca había visto yo semejante cosa, un discurso que era todo éxtasis, una exposición apasionada como un fenómeno elemental... Me sentía arrastrado por el raudal del discurso, por su chorro, sin saber siquiera cuál era el origen del mismo... Con un amplio movimiento describía esa hora extraordinaria de Inglaterra, ese único segundo de éxtasis, tales como surgen de improviso en la vida de cada pueblo como en la de cada individuo. (págs. 32-34) Mi curiosidad [por Shakespeare] había sido inflamada hasta la pasión por el discurso del profesor, y leí la obra del poeta inglés como nunca lo hiciera antes... Empecé a hojear esos folletos, con la ardiente esperanza de volver a oír en ellos la voz embriagadora y su impetuoso ritmo. (págs. 47 & 53) Y, abandonado su encorvada postura de hombre al acecho, se lanzó en el discurso, como en raudal... hacía estallar el tabique que cubría su verdadero ser. (pág. 56) Quien no es apasionado, se convierte en un pedagogo. Es siempre por el interior que es preciso ir hacia las cosas, siempre, partiendo de la pasión... Pasé las dos semanas siguientes en una apasionada furia de leer y aprender. Apenas si salía de mi cuarto... Formaba yo mi tesoro, como un avaro, con cada una de sus palabras y con cada uno de sus gestos... Aprendí más cosas sobre la esencia del arte que hasta ese momento en diecinueve años. (págs. 60 & 61 & 63 & 64) Lo que sobre todo me aterraba, era el absoluto aislamiento del profesor. Ese hombre franco, de una naturaleza completamente expansiva, no tenía amigos; únicamente sus alumnos constituían su sociedad y consuelo... Con frecuencia permanecía días enteros sin salir de su casa. Acumulaba todo en sí mismo, silenciosamente, sin confiarse a los hombres ni al papel. Y también entonces comprendí el carácter eruptivo, el fanático chorro de sus discursos en medio de los estudiantes: era su ser que se confiaba de pronto, después de días y días de sujeción. (págs. 76-77) La forma de vida de mi maestro--sombría, totalmente replegada sobre sí mismo... Él, que era el entusiasmo mismo... Me asaltaba la pena de que todo lo que así me daba la palabra fugitiva de ese hombre de labios torrenciales, se perdiese para todo el mundo. Porque ese hombre singular extraía todos sus pensamientos de la musicalidad del sentimiento: necesitaba siempre un cebo para poner en movimiento sus ideas... Su voz, que al principio se deslizaba como un murmullo, teniendo músculos y ligamentos sonoros, se convertía en un avión de brillante metal, que ascendía en los aires, siempre más libre y más alto. (págs. 79 & 86 & 91 & 94 & 98) Cuarenta años hace de todo esto; y, sin embargo, todavía hoy, en medio de un discurso, cuando me siento arrastrado por el impulso de la palabra, advierto súbitamente que no soy yo mismo quien habla, sino otro, como si, para expresarse, utilizase mi boca. (pág. 100) * * * Desde la noche en que ese hombre al que yo reverenciaba entre todos, me abrió su destino, como se abre un recio caracol, desde esa noche todo lo que nuestros escritores y nuestros poetas nos refieren de extraordinario en sus libros, y lo que las obras teatrales ocultan entre bastidores, como si fuese demasiado trágico para la luz del proscenio, me parece infantil y sin importancia... Existía una salvaje voluptuosidad en esa confesión, retenida durante años y años. Y en ese momento, yo, que era casi un niño todavía, vi, por vez primera, con trastornados ojos, las inconcebibles profanidades del sentimiento humano... Un ser humano no podía hablar de esa manera más que una sola vez en su vida para callar luego para siempre, tal como se dice en la leyenda del cisne, que únicamente al morir puede, únicamente una vez, elevar hasta el canto la ronquera de su grito. (págs. 144 & 145 & 158s) |
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Confusion de Sentimientos (Miedo la Coleccion Imaginaria) (Spanish Edition) by Stefan Zweig (Paperback - Jan. 2004)
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