Luego de la lluvia inicial de su primer poemario (Instrumento de la lluvia, 1994),Félix Rivera Guzmán se ocupa ahora de la vibración interior de la poesía y de las resonancias de un mundo lleno de carencias. En un lenguaje conciso y cargado de ingenio el poeta nos revela un mundo incompleto donde el amor, o mejor dicho su revés, el desamor, late aún en muchos de sus poemas. Viene del cielo de los ritmos pitagóricos y absolutos, que es la música, al arduo mundo de los ritmos conceptuales, que es la poesía. Y llega repleto de carencias, mojado por la lluvia, viandante de la noche, en pos del absoluto imaginado como femenina entidad; pero llega también apercibido con la mirada irónica y el arma del humor; y dispuesto a verter este licor en el vaso exigente de la forma. José Luis Vega (sobre la poesía del escritor)
