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Dime quién soy (Spanish Edition) (Spanish) Paperback – February 1, 2011


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Editorial Reviews

About the Author

Julia Navarro es periodista y ha trabajado a lo largo de su carrera en prensa, radio y televisión. Es autora de los libros de la actualidad política Nosotros, la transición; Entre Felipe y Aznar; La izquierda que viene y Señora presidenta. Además, ha publicado cuatro novelas. Con la primera, La hermandad de la Sábana Santa, obtuvo un espectacular éxito y alcanzó los primeros puestos de ventas. Con las siguientes, La Biblia de barro y La sangre de los inocentes, ambas éxitos de público y crítica, se consolidó como una de las escritoras españolas con mayor proyección internacional. Estos tres títulos han vendido millones de ejemplares y se han publicado en treinta países.

Excerpt. © Reprinted by permission. All rights reserved.

1

—Eres un fracasado.

—Soy una persona decente.

Mi tía levantó la vista del folio que tenía en las manos. Lo había estado leyendo como si el contenido del escrito fuera una novedad para ella. Pero no lo era. En aquel currículo estaba resumida mi breve y desastrosa vida profesional.

Me miró con curiosidad y siguió leyendo, aunque yo sabía que no había mucho más que leer. Me había llamado fracasado no con ánimo de ofenderme, sino como quien afirma algo evidente.

El despacho de mi tía resultaba agobiante. En realidad lo que me incomodaba era su actitud altiva y distante, como si por haber triunfado en la vida le estuviera permitido mirarnos al resto de la familia por encima del hombro.

Me caía mal, pero yo tampoco había sido nunca su sobrino favorito, por eso me sorprendió cuando mi madre me dijo que su hermana quería verme con urgencia.

La tía Marta se había convertido en la matriarca de la familia, incluso dominaba a sus otros dos hermanos, el tío Gaspar y el tío Fabián.

Se le consultaba todo, y nadie tomaba una decisión sin haber recibido su visto bueno. A decir verdad, yo era el único que la evitaba y quien, al contrario que el resto de mis primos, nunca buscaba su aprobación.

Pero allí estaba ella, orgullosa de haber salvado y triplicado el patrimonio familiar, un negocio dedicado a la compraventa y reparación de maquinaria, gracias, entre otras razones, a su oportuno matrimonio con el bueno de su marido, el tío Miguel, por quien yo sentía una secreta simpatía.

El tío Miguel había heredado un par de edificios en el centro de Madrid, cuyos inquilinos le reportaban buenas rentas todos los meses. Más allá de reunirse con el administrador de los edificios una vez al mes, nunca había trabajado. Su única preocupación consistía en coleccionar libros raros, jugar al golf y escapar con la menor excusa de la mirada vigilante de mi tía Marta, a quien había cedido gustoso esas reuniones mensuales con el administrador sabiendo que ella tenía la inteligencia y la pasión necesarias para acertar en todo cuanto hacía.

—Así que tú al fracaso lo llamas ser una persona decente. Entonces, ¿crees que todos los que triunfan son indecentes?

Estuve a punto de decir que sí, pero eso me habría supuesto tener un disgusto con mi madre, de manera que decidí dar una respuesta más matizada.

—Verás, en mi profesión ser decente suele conducir a que te quedes sin empleo. No sabes cómo está el periodismo en este país. O estás alineado con la derecha o lo estás con la izquierda. No eres más que una correa de transmisión de las consignas de uno o de otro. Pero intentar contar simplemente lo que pasa y opinar honradamente, te lleva a la marginación y al paro.

—Siempre te había tenido por un chico de izquierdas —dijo mi tía con cierta sorna—. Y ahora gobierna la izquierda…

—Ya, pero el gobierno quiere que los periodistas afines cierren los ojos y la boca ante sus errores. Criticarlos significa el extrañamiento. Dejan de considerarte uno de los suyos y, claro, como tampoco eres de los otros, te quedas en tierra de nadie, o sea en el paro, como estoy yo.

—En tu currículo pone que ahora trabajas en un periódico digital. ¿Cuántos años tienes?

Me fastidió la pregunta. Ella sabía perfectamente que estaba en la treintena, que era el mayor de los primos. Pero era su forma de demostrarme el desinterés que sentía por mí. Así que decidí no decirle cuántos años tenía puesto que era evidente que ella ya lo sabía.

—Sí, hago crítica literaria en un periódico de internet. No he encontrado otra cosa, pero al menos no tengo que pedir dinero a mi madre para comprar tabaco.

Mi tía Marta me miró de arriba abajo, como si fuera la primera vez que me veía, y pareció vacilar antes de decidirse a hacerme su propuesta.

—Bien, te voy a ofrecer un trabajo y además bien pagado. Confío en que estés a la altura de lo que esperamos de ti.

—No sé lo que quieres ofrecerme pero mi respuesta es no; aborrezco los gabinetes de prensa de las empresas. Si he venido a verte es porque me lo ha pedido mi madre.

—No pienso ofrecerte ningún puesto en la empresa —respondió como si fuera una locura el que yo pudiera trabajar en la empresa familiar.

—Entonces…

—Entonces quiero hacerte un encargo para la familia, algo más personal; en realidad, algo privado.

Mi tía continuaba mirándome sin estar segura de si no estaría equivocándose con su propuesta.

—Se trata de que investigues una vieja historia familiar: una historia relacionada con tu bisabuela, mi abuela.

Me quedé sin saber qué decir: La bisabuela era tema tabú en la familia. No se hablaba de ella; y mis primos y yo apenas habíamos logrado saber algo del misterioso personaje, de quien estaba prohibido preguntar y de quien no existía ni una sola fotografía.

—¿La bisabuela? ¿Y qué es lo que hay que investigar?

—Ya sabes que soy yo quien tiene casi todas las fotos de la familia, y había pensado hacer un regalo a mis hermanos las próximas Navidades. Por eso empecé a seleccionar fotografías antiguas para encargar copias. También busqué entre los papeles y documentos de mi padre, porque recordaba haber visto alguna más entre sus cosas y, efectivamente, encontré algunas y… bueno, entre los papeles había un sobre cerrado, lo abrí y allí estaba esta foto…

Mi tía se volvió hacia la mesa de despacho y cogió un sobre del que sacó una fotografía. Me la dio vacilando, como si temiese que yo fuera un manazas y aquella imagen no fuera a estar segura en mis manos.

El retrato tenía los bordes rotos y el paso del tiempo lo había impregnado de una pátina amarillenta, pero aun así resultaba fascinante la imagen de una joven sonriente vestida de novia y con un ramo de flores.

—¿Quién es?

—No lo sé. Bueno, creemos que puede ser nuestra abuela, tu bisabuela… Se la enseñé a tu madre y a mis hermanos y todos coincidimos en que nuestro padre se parecía a ella. El caso es que hemos decidido que ha llegado la hora de indagar qué pasó con nuestra abuela.

—¿Así, de repente? Nunca nos habéis querido decir nada sobre ella. Y ahora tú encuentras una foto que crees que puede ser de nuestra antepasada y decides que hay que averiguar qué pasó.

—Tu madre te habrá contado algo sobre ella…

—Mi madre me ha contado lo mismo que tú has contado a tus hijos: prácticamente nada.

—No es que nosotros sepamos demasiado; nuestro padre nunca hablaba de ella, ni siquiera el paso del tiempo le mitigó el dolor de su pérdida.

—Por lo que sé, no la conoció. ¿No lo abandonó cuando era un recién nacido?

Mi tía Marta parecía dudar entre contarme todo lo que sabía o despedirme de inmediato. Supongo que pensaba que a lo mejor yo no era la persona adecuada para abordar el asunto que se traía entre manos.

—Lo que sabemos —respondió— es que nuestro abuelo, osea, tu bisabuelo, se dedicaba a la importación y venta de maquinaria, sobre todo de Alemania. Viajaba mucho, y no solía decir ni cuándo se iba ni, menos aún, cuándo pensaba regresar, lo que, como puedes suponer, no debía de gustar nada a su mujer.

—Es imposible que ella no se enterara. Si él hacía la maleta, supongo que ella le debía de preguntar adónde iba; en fin, esas cosas son las normales.

—No, él no actuaba así. Tu bisabuelo decía que él llevaba la maleta en la cartera, es decir, le bastaba con el dinero que llevaba encima. De manera que no le hacía falta preparar nada, iba comprando lo que necesitaba. No sé por qué actuaba así. Pero imagino que eso debió de ser una fuente de conflictos en el matrimonio. Como te digo, tu bisabuelo era muy emprendedor y amplió el negocio, no sólo a la venta de máquinas industriales sino también a su reparación, y en ese momento en España se necesitaba de todo. Un día él se marchó en uno de sus viajes. Durante su ausencia ella hacía la vida que en aquella época acostumbraban las chicas de su posición. Por lo que sabemos, ella acudió a casa de unos amigos, ya sabes que antes las visitas eran un entretenimiento inocente y sobre todo barato. Uno iba a visitar a unos amigos o familiares una tarde, ellos te la devolvían días después, y los salones de las casas se convertían, de esa manera, en lugares de encuentro. En uno de esos encuentros ella conoció a un hombre, desconocemos quién era ni a qué se dedicaba. Una vez oímos que era marino de la Armada argentina. Parece ser que ella se enamoró y huyó con él.

—Pero ya había nacido el abuelo, ya tenía un hijo.

—Sí, y de muy corta edad. Lo dejó al cuidado del ama, Águeda, la mujer que tu abuelo creyó que era su madre hasta que, ya mayor, se enteró de la verdad. Tu bisabuelo se amancebó con Águeda y tuvo una hija con ella, la tía Paloma, hermanastra de tu abuelo; ya conoces esa rama de la familia.

—En realidad no, nunca habéis tenido demasiado interés en que nos conozcamos, sólo los he visto en algún entierro —respondí con cierta insolencia, para provocarla.

Pero mi tía no era de las que respondían a una provocación si no le interesaba hacerlo, así que me observó con un destello de irritación y decidió seguir hablando como si no me hubiera escuchado.

—Tu abuelo decidió cambiarse el apellido de su madre, por eso se llamaba Fernández de segundo. Cuando se cambia de apellido, hay que elegir uno que sea frecuente.

—Tampoco nunca he conseguido saber cómo se llamaba de verdad —respondí, harto de la conversación.

—No lo sabemos, nunca lo hemos sabido. —El tono de voz de mi tía Marta parecía sincero.

—¿Y a qué viene ahora ese interés por la historia de vuestra abuela?

—Esta foto que te he enseñado nos ha llevado a tomar la decisión. He hecho copias; te daré una porque puede servirte para la investigación. Creemos que es ella, pero si no lo es da lo mismo: ha llegado la hora de saber.

—¿De saber qué? —Me divertía intentar irritarla.

—De saber quiénes somos —respondió mi tía.

—A mí no me importa lo que fue de esa bisabuela, me trae sin cuidado, yo sé quién soy y eso no lo va a cambiar lo que hiciera esa mujer tantos años atrás.

—Y a mí no me importa que a ti no te importe. Si te encargo este trabajo es porque no sabemos qué nos vamos a encontrar, y los trapos sucios, si es que los hay, prefiero que se queden en familia. Por eso no contrato a un detective. De manera que no te estoy pidiendo ningún favor, te estoy ofreciendo un trabajo. Eres periodista, sabrás cómo investigar. Te pagaré tres mil euros al mes y todos los gastos aparte.

Me quedé en silencio. Mi tía me había hecho una oferta que sabía que no podría rechazar. Nunca había ganado tres mil euros, ni siquiera cuando trabajé como reportero en televisión. Y ahora que estaba en una situación profesional lamentable, malviviendo con la crítica literaria para un periódico de la red cuyo sueldo no alcanzaba los quinientos euros al mes, aparecía ella como la serpiente que tentó a Eva. Quería decirle que no, que se guardara su dinero donde quisiera, pero pensé en mi madre, en cómo mes tras mes tenía que prestarme para el recibo de la hipoteca del piso que había comprado y no podía pagar. Bueno, en realidad, me consolé diciéndome que no habíanada de deshonroso en indagar el pasado de mi bisabuela y, encima, que me pagaran por ello. Peor habría sido aceptar un trabajo a cambio de contar y cantar alabanzas al político de turno.

—Creo que con un par de meses tendrás suficiente, ¿no? —quiso saber tía Marta.

—No te preocupes, no creo que tarde tanto en averiguar algo sobre esa buena señora. Para mi desgracia, lo mismo dentro de unos días he terminado la investigación.

—Pero quiero algo más —dijo mi tía en tono conminatorio.

—¿Qué? —pregunté con desconfianza, como si de repente hubiera despertado de un sueño: nadie paga tres mil euros al mes por saber qué fue de su abuelita.

—Tendrás que escribir la historia de mi abuela. Hazlo como si fuera una novela, o como tú quieras, pero escríbela. La encuadernaremos y ése será el regalo que haré a la familia la próxima Navidad.



Sometí a mi madre a un exhaustivo interrogatorio para que recordara cuanto pudiera de su padre, o sea, de mi abuelo. La buena mujer dedicó un rato a adornarle con todas las virtudes intentando revolver en mi memoria. Yo lo recordaba alto, delgado, muy erguido, poco hablador. Un día me dijeron que el abuelo había sufrido un accidente de coche que lo dejó impedido en una silla de ruedas hasta que murió.

Todos los domingos, cuando yo era un niño, acudía con mi madre a la casa del abuelo. Allí participábamos de una comida familiar con largas sobremesas en las que me aburría enormemente.

El abuelo nos observaba a todos mientras comía en silencio,y sólo de vez en cuando intervenía.

La tía Marta era la menor de los hermanos. Por entonces estaba soltera y vivía con él, y por eso se había hecho cargo de la empresa de mi abuelo, de la misma manera que había asumido el control de aquella casa enorme y oscura. Así que no guardaba nada en mis recuerdos que me diera una pista sobre la madre del abuelo, la misteriosa señora que un día desapareció abandonándolo en manos del ama de cría.

Tengo que confesar que comencé la investigación con desgana, supongo que por lo poco que me importaba lo que pudiera haber hecho una antepasada.

Empecé a indagar por el lugar obvio: acudí a la oficina del Registro Civil para solicitar una partida de nacimiento de mi abuelo.

Evidentemente, en las partidas de nacimiento figura siempre el nombre de los progenitores del inscrito, así que era la mejor manera de averiguar cómo se llamaba la madre de mi abuelo. Me preguntaba por qué no lo habría hecho la tía Marta en vez de pagarme tres mil euros por ir al registro.

Una amabilísima funcionaria dio al traste con mis expectativas de éxito al decirme que no podía entregar una partida de nacimiento de alguien que había muerto.

—¿Y para qué quiere usted una partida de nacimiento de don Javier Carranza Fernández?

—Es que es mi abuelo, bueno, era mi abuelo, ya le he dicho que falleció hace quince años.

—Ya, por eso le pregunto que para qué quiere usted su partida de nacimiento.

—Estoy haciendo el árbol genealógico de la familia y precisamente el lío está en que mi abuelo se cambió el apellido materno por un problema familiar. En realidad, no se llamaba Fernández de segundo apellido, y eso es lo que yo trato de averiguar.

—¡Ah, pues no puede hacerlo!

—¿Y por qué no?

—Porque si, como usted asegura, su abuelo se cambió el apellido, entonces su expediente está en el Registro Especial, y sólo se puede consultar cualquier dato de ese registro si lo solicita el propio interesado o hay una orden judicial.

—Está claro que el interesado no puede solicitar nada —respondí de malhumor.

—Sí, eso está claro.

—Oiga, era mi abuelo, se apellidaba Fernández y no sé por qué. ¿No cree que tengo derecho a saber cómo se llamaba mi bisabuela?

—Mire usted, desconozco cuáles son sus problemas familiares y además no me interesan. Yo solamente cumplo con mi obligación y no puedo darle ninguna partida de nacimiento original de su abuelo. Y ahora, si no le importa, tengo mucho trabajo…
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Product Details

  • Paperback: 1104 pages
  • Publisher: Vintage Espanol (February 1, 2011)
  • Language: Spanish
  • ISBN-10: 0307741729
  • ISBN-13: 978-0307741721
  • Product Dimensions: 5.2 x 1.8 x 8 inches
  • Shipping Weight: 1.8 pounds (View shipping rates and policies)
  • Average Customer Review: 4.5 out of 5 stars  See all reviews (198 customer reviews)
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Customer Reviews

I ordered it in the Kindle, and could not put it down, although it was a long book .
OP
Es un libro largo, pero es tan entretenido que se lee muy rápido, es imposible dejar de leer, un peligro para el sueño!!!!
cristina winter
This story is written in an excellent manner that captivated your interest since the beginning.
Sue

Most Helpful Customer Reviews

17 of 18 people found the following review helpful By gmata on July 19, 2010
Format: Hardcover
Es un libro muy bien escrito, con la calidad a la que nos tiene acostumbrados Julia Navarro. Es la primera novela que leo de ella que no está relacionada con la iglesia o alguno de sus símbolos. Nos trae constantemente del presente al pasado, pero todo se da en dos épocas, la de la segunda guerra mundial y la actualidad. Es la primera vez en sus libros que no maneja más de 2 tiempos al mismo tiempo.
La historia es sumamente interesante y no perdí el interés en ninún momento, pese a tener más de 1000 páginas!. Lo super recomiendo y terminé enamorado de la historia, que hasta pudo ser real!
Es una mezcla de novela romántica y de intriga, basada en hechos históricos verídicos.
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11 of 11 people found the following review helpful By Homer Merino on May 28, 2012
Format: Paperback
Para decir lo más minimo, me encanto mucho este libro. Nunca he leído un libro en español tan larga en mi vida ( 22 años), pero disfrute como Julia Navarro es capaz de atraer al lector y mantener su atención para descubrir lo que sucede a continuación con su protagonista. Yo soy un Mexicano-Americano y sólo he leído libros en ingles toda mi vida, pero definitivamente quería seguir desarrollando mis habilidades de leer en español y después de terminar este libro, tengo una cosa más que agradecer a mis padres de que me hicieron aprender español desde hace muchos años con el fin de asegurarse de que este bien bilingüe.

La historia me llamó la atención desde el principio. Amelia es un personaje tan fuerte y tenaz, que a primera vista parece luchar por una creencia fuerte, pero hacia la mitad de la novela parece estar demasiada enredada en un montón de problemas que no puede encontrar una buena manera de salir de ellos. Sin duda disfrute de las partes de la novela que se Amelia pasa con su familia y admiro cómo a pesar de que todos ellos han pasado por varias luchas desde la Guerra Civil Española, aún se aferran a sus valores morales familiares y creo que eso es algo que, sin duda se ha pierde en la sociedad de hoy. Había partes en el libro que Julia Navarro describe que trae imágenes inquietantes y me hizo preguntarme cómo podría haber sabido cómo hacer que el lector siente como si realmente existe, junto con la acción. Creo que este libro incluye cosas que son atractivos para todo tipo de lectores con unos buenos romance, acción, traición y suspenso.

Espero con interés leer otra selección de Navarro pronto y espero que sea tan buena como esta.
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11 of 12 people found the following review helpful By Ymla77 on April 20, 2012
Format: Paperback
I agree with a couple of the other reviewers in that this book was unnecessarily long. I very much enjoyed the final couple of chapters, but frequently grew tired of the story and the main character, Amelia Garayoa, for whom I couldn't muster any admiration or sympathy. The way I read this, all the horrible things that happened to Amelia (and just about everyone close to her) were the result of an initial, bad decision on her part. That decision was followed by her plodding along through various situations life threw at her, using as an excuse that she was "in too deep" to avoid facing the consequences of her decisions. Amelia is frequently described as a strong, intelligent woman... but I was soon annoyed with her making one seriously crappy choice after another.

On a more personal note, when I read I pay very close attention to the language used, how the story is written, the words and phrases used... I truly believe that language is just as much part of the story as the characters, and I didn't feel like the author was mindful in this respect. In addition to repeating very distinctive phrasing a few times in the story (different, completely unrelated characters), my edition had several editing mistakes (typos, etc.)
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7 of 7 people found the following review helpful By Ana Brown on November 8, 2011
Format: Hardcover
Que libro tan interesante! Muy bien detallado, son de esas lecturas que no puedes dejar de leer. Desde la primera pagina te envuelve en el relato y te hace vivir todas las travesias de su protagonista. A pesar de que son mas de mil paginas en ningun momento se vuelve tedioso.
Maravilloso, lo recomiendo de verdad.
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3 of 3 people found the following review helpful By Gustavo J. Doble on February 7, 2013
Format: Kindle Edition Verified Purchase
One of the best books in Spoanish I have read. I simply did not want it to end, that is how much I enjoyed it.
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2 of 2 people found the following review helpful By Luis Manuel C. Mejan on July 31, 2014
Format: Kindle Edition Verified Purchase
Un bisnieto se pone, por petición de su tía a buscar averiguar la vida y andanzas y el paradero de su bisabuela. La búsqueda lo lleva a Moscú, Londres, Roma, El Cairo, París, Barcelona, Mexico, Buenos Aires y a cruzar dos guerras: la civil española y la segunda guerra mundial. Para aquellos que en algún momento hemos tenido que hacer búsquedas entre nuestros antepasados es una historia que remueve vivencias propias, para aquellos que no han tenido que hacerlo es, sin duda una historia fascinante
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2 of 2 people found the following review helpful By Maria Luisa Clark on June 13, 2014
Format: Kindle Edition Verified Purchase
La historia es amena e interesante, te envuelve desde el principio aunque hay momentos en que es un poco lenta y para mi gusto llena de demasiados detalles políticos aunque a la ves te lleva a través de la historia mundial de una manera muy interesante que te mantiene prendido queriendo saber mas de la vida de Amelia.
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2 of 2 people found the following review helpful By Maria V. Carrascosa on October 4, 2014
Format: Paperback Verified Purchase
Uno de los mejores libros que he leído en mucho tiempo. Lo he recomendado a tres o cuatro amigos y todos coinciden. Una vez que pasas aproximadamente las primeras 100 páginas que son entretenidas, te engancha completamente.
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