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La sombra de la serpiente: Las crónicas de Kane, III (Las Cronicas De Kane / the Kane Chronicles) (Spanish Edition) (Spanish) Paperback – November 13, 2012


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Product Details

  • Age Range: 10 and up
  • Grade Level: 5 and up
  • Series: Las Cronicas De Kane / the Kane Chronicles (Book 3)
  • Paperback: 384 pages
  • Publisher: Vintage Espanol (November 13, 2012)
  • Language: Spanish
  • ISBN-10: 0307951464
  • ISBN-13: 978-0307951465
  • Product Dimensions: 5.2 x 0.8 x 8 inches
  • Shipping Weight: 11.2 ounces (View shipping rates and policies)
  • Average Customer Review: 4.7 out of 5 stars  See all reviews (3 customer reviews)
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Editorial Reviews

About the Author

Rick Riordan es el autor de la serie de libros para niños Percy Jackson, bestseller número uno de The New York Times, así como la galardonada serie de misterio Tres Navarre para adultos. Durante quince años, Riordan enseñó inglés e historia en escuelas secundarias en San Francisco y Texas. Actualmente vive en San Antonio con su esposa y sus hijos.

Excerpt. © Reprinted by permission. All rights reserved.

Advertencia

Este libro es la transcripción de una grabación de audio. Carter y Sadie Kane me enviaron en otras dos ocasiones grabaciones como esta, que transcribí con los títulos La Pirámide Roja y El Trono de Fuego. Aunque es un honor que los Kane sigan confiando en mí, debo advertir al lector que este tercer relato es el más preocupante de todos. La cinta llegó a mi casa en una caja chamuscada, con unas marcas de garras y dientes que el zoólogo a quien consulté no logró identificar. De no ser por los jeroglíficos de protección que llevaba en su exterior, dudo mucho que la caja hubiera soportado el viaje. Seguid leyendo y averiguaréis por qué.
 
 

1. La fiesta en la que nos colamos se va a pique
 
Sadie Kane al habla.
 
Si estáis oyendo esto, ¡enhorabuena! Habéis sobrevivido al apocalipsis.
 
Antes que nada, querría disculparme por cualquier inconveniente que haya podido causaros el fi n del mundo. Los terremotos, revueltas, disturbios, tornados, inundaciones, tsunamis y, por supuesto, la gigantesca serpiente que se tragó el Sol. Me temo que casi todo fue por culpa nuestra. Carter y yo hemos decidido que, al menos, deberíamos explicar cómo sucedió.
 
Seguramente esta será la última grabación que hagamos. Cuando hayáis escuchado nuestra historia, el motivo será evidente.
 
Nuestros problemas empezaron en Dallas, cuando las ovejas que escupían fuego destruyeron la exposición del rey Tut.
 
 
Aquella noche los magos de Texas daban una fi esta en el jardín escultórico que hay al lado del Museo de Arte de Dallas. Los hombres llevaban esmoquin y botas de vaquero, y las mujeres lucían sus vestidos y unos peinados que parecían nubes de algodón explotando.
 
(Carter dice que en Estados Unidos lo llaman algodón de azúcar. Me da igual. Yo me crié en Londres, así que tendréis que esforzaros por aprender cómo se llaman de verdad las cosas.)
 
Un grupo interpretaba viejos éxitos de la música country frente al pabellón central. De las ramas de los árboles colgaban hileras de bombillitas. De vez en cuando aparecía algún mago por las entradas secretas que había en las estatuas, o alguien hacía aparecer chispas de fuego para espantar a los insistentes mosquitos, pero a grandes rasgos parecía una fi esta de lo más normal.
 
El líder del Nomo Quincuagésimo Primero, J. D. Grissom, estaba hablando con unos invitados y disfrutando de unos tacos de ternera cuando nos lo llevamos aparte para una reunión de emergencia. Me supo mal, pero no había más remedio, teniendo en cuenta el peligro que le acechaba.
 
—¿Un ataque? —repitió, frunciendo el ceño—. La exposición de Tut ya lleva abierta un mes. Si Apofis planeara un asalto, ¿no lo habría llevado a cabo ya?
 
J. D. era un hombre alto y robusto, de facciones duras y curtidas, con el pelo rojo escalonado y unas manos rugosas como la corteza de un árbol. Aparentaba unos cuarenta años, pero con los magos es difícil saberlo a ciencia cierta. Podría tener cuatrocientos sin ningún problema. Llevaba un traje negro con corbata de bolo, y en el cinturón, una estrella de plata por hebilla, como si fuera un sheriff del salvaje oeste.
 
—Podemos hablar por el camino —dijo Carter y empezó a abrirse paso hacia el extremo opuesto del jardín.
 
Tengo que admitir que mi hermano irradiaba confianza.
 
Aunque seguía siendo un zopenco de mucho cuidado, por supuesto. A su pelo, castaño y crespo, le faltaban unos mechones del lado izquierdo por culpa de un «picotazo amistoso» que le había dado su grifo, y las marcas de su cara delataban que aún no había terminado de dominar el arte del afeitado. Sin embargo, al cumplir los quince años había dado un estirón, y las horas que había pasado entrenando para el combate se le notaban en los músculos. Con su ropa negra de lino, y sobre todo, con la espada jopesh que llevaba al cinto, daba una sensación de desenvoltura y madurez. Yo casi podía imaginármelo dirigiendo un ejército sin que me diera un ataque de risa.
 
[¿Por qué me miras así, Carter? Ha sido una descripción bastante elogiosa.]
 
Carter rodeó la mesa del bufet, aprovechando para hacerse con un puñado de nachos.
 
—Apofis sigue una pauta —dijo a J. D.—. Todos sus otros ataques han ocurrido en noches de luna nueva, cuando todo está más oscuro. Créeme, esta noche caerá sobre tu museo. Y caerá con fuerza.
 
J. D. Grissom tuvo que esquivar a un grupo de magos que bebían champán.
 
—Esos otros ataques… —dijo—. ¿Te refieres a Chicago y Ciudad de México?
 
—Y Toronto —respondió Carter—. Y… algunos más.
 
Supe que mi hermano prefería no dar más detalles. Los ataques que habíamos presenciado aquel verano nos habían provocado pesadillas a los dos.
 
De acuerdo, el apocalipsis puro y duro aún no había llegado. Apofis, la Serpiente del caos, había escapado de su prisión del inframundo seis meses antes, pero aún no había lanzado la invasión a gran escala del mundo mortal que nos temíamos. Por algún motivo, la Serpiente esperaba su oportunidad, y mientras tanto se conformaba con lanzar asaltos menores contra nomos que parecían seguros y felices.
 
«Como este», pensé.
 
Cuando pasamos junto a los pabellones, el grupo terminaba de interpretar su canción. Una hermosa mujer rubia que tocaba el violín hizo un gesto a J. D. con el arco.
 
—¡Sube, cielo! —le llamó—. ¡Te necesitamos a la guitarra hawaiana!
 
J. D. se obligó a sonreír.
 
—Enseguida, cariño. Ahora vuelvo. —Seguimos andando. J. D. se giró hacia nosotros—. Es mi esposa, Anne.
 
—¿También es maga? —le pregunté.
 
Él asintió… mientras se le nublaba la expresión.
 
—Esos ataques. ¿Por qué estáis tan convencidos de que Apofis vendrá aquí?
 
Como a esas alturas Carter tenía la boca llena de nachos, su respuesta fue:
 
—Mmmf, mmm.
 
—Porque busca una pieza en particular —traduje yo—. Ya ha destruido cinco copias de ella. La última que queda es la que hay en vuestra exposición de Tut.
 
—¿Qué pieza es? —preguntó.
 
Vacilé. Antes de llegar a Dallas, nos habíamos lanzado todo tipo de hechizos de escudo y llevábamos amuletos protectores que evitaban las escuchas mágicas, pero aun así me inquietaba hablar en voz alta de nuestros planes.
 
—Será mejor que te lo enseñemos. —Rodeé una fuente, donde dos magos jóvenes se dedicaban a trazar brillantes mensajes de «Te quiero» en los adoquines con sus varitas—. Hemos traído nuestro propio equipo de élite para que nos ayude. Están esperándonos en el museo. Si nos dejases estudiar la pieza, o quizá llevárnosla para protegerlo…
 
—¿Llevároslo? —repitió J. D., torciendo el gesto—. La exposición está muy bien defendida. Mis mejores magos la patrullan las veinticuatro horas del día. ¿Creéis que en la Casa de Brooklyn estaría más seguro?
 
Nos detuvimos al final del jardín. En la acera de enfrente estaba la fachada lateral del museo, de la que colgaba un estandarte de cuatro metros con el busto del rey Tut.
 
Carter sacó su teléfono móvil. Enseñó a J. D. Grissom una imagen en la pantalla: la mansión calcinada que había sido el cuartel general del Nomo Centésimo en Toronto.
 
—No dudo que tus guardias sean buenos —dijo Carter—, pero preferiríamos evitar que vuestro nomo sea el objetivo de Apofis. En los anteriores ataques… los esbirros de la serpiente no dejaron a nadie vivo.
 
J. D. se quedó mirando la pantalla del móvil y luego lanzó una mirada fugaz a su esposa, Anne, que interpretaba la melodía de un two-step.
 
—Muy bien —dijo J. D.—. Espero que hayáis traído un equipo de primera.
 
—Son geniales —le aseguré—. Ven, que te los presentamos.
 
 
Nuestro pelotón de magos de élite estaba saqueando la tienda de regalos.
 
Felix había convocado a tres pingüinos, que se balanceaban de un lado a otro con caretas del rey Tut puestas. Nuestro amigo babuino, Keops, estaba sentado encima de una estantería leyendo La historia de los faraones, y habría sido una estampa impresionante si no sostuviese el libro al revés. Walt —ay, querido Walt, ¿por qué?— había abierto la urna de las joyas y examinaba las pulseras y collares por si fuesen mági...

More About the Author

Rick Riordan is the #1 New York Times bestselling author of the Percy Jackson and the Olympians series, the Kane Chronicles, and the Heroes of Olympus. He is also the author of the multi-award-winning Tres Navarre mystery series for adults.

For fifteen years, Rick taught English and history at public and private middle schools in the San Francisco Bay Area and in Texas. In 2002, Saint Mary's Hall honored him with the school's first Master Teacher Award.

While teaching full time, Riordan began writing mystery novels for grownups. His Tres Navarre series went on to win the top three national awards in the mystery genre - the Edgar, the Anthony and the Shamus. Riordan turned to children's fiction when he started The Lightning Thief as a bedtime story for his oldest son.

Today over 35 million copies of his Percy Jackson, Kane Chronicles, and Heroes of Olympus books are in print in the United States, and rights have been sold into more than 35 countries. Rick is also the author of The 39 Clues: The Maze of Bones, another #1 New York Times bestseller.

Rick Riordan now writes full-time. He lives in Boston with his wife and two sons.


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By Jacqueline Marchant on April 24, 2013
Format: Paperback Verified Purchase
Los tres libros de la saga son excelentes, personajes muy bien logrados y se desarrolla en una cultura realmente fascinante
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Format: Paperback Verified Purchase
Lo ame, fue el mejor de los 3, nunca me ha fallado Rick Riordan. Sin lugar a dudas es uno de mis escritores favoritos. Lo amo :-)
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By Maria V. Clarke on February 21, 2013
Format: Kindle Edition Verified Purchase
This is part III of a trilogy. My 11 year old asked me to get the first book and ended up reading all three of them in one sitting... great for a summer read at the beach... away from the computer!
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