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El valor de enfrentar y confrontar tu propia indiferencia
Y conocerán la verdad, y la verdad los hará libres.
-- Juan 8:32 (NVI)
Dentro de muy poco tiempo habré estado en la Tierra medio siglo. Ya he comenzado a celebrar este acontecimiento. Tantos recuerdos. Cuando este tema surgió recientemente en una conversación, un amigo me preguntó: «¿qué palabras de sabiduría has adquirido? ¿Qué harías de otra manera y qué les dirías a los que creen que tienen una sola oportunidad y se sienten impotentes para enmendar lo que puede percibirse como resultados mediocres?
Me quedé pensando antes de responder y luego le dije, «No hay nada peor que llegar al final de tu vida y preguntarte qué podría haber sucedido o que no debió suceder». Los tristes recuerdos de oportunidades perdidas han amargado a muchas personas por el resto de sus vidas. Con frecuencia no es tanto la fatiga del competidor olímpico lo que más lo debilita, como el sentimiento de que si hubiera aspirado a más, o se hubiera esforzado más, podría haber estado sosteniendo la copa de oro de la victoria en lugar de la botella de agua de la derrota.
A ninguno de nosotros nos gusta sentir remordimientos. Queremos vivir a plenitud, espiritual, económica e incluso racionalmente. Sin embargo, con frecuencia nos transamos por menos de lo que la vida nos ofrece. Adormecidos por un sentimiento de apática conformidad, aceptamos como limitaciones algunas situaciones que podrían superarse. ¿Estás cansado de vivir de sueldo en sueldo? ¿Sientes como si estuvieras trabado en un empleo cuando deseas tener una carrera? ¿Te quedas en suspenso mientras esperas que aprueben la transacción de una tarjeta de crédito? ¿Te impacientas con tus allegados al sentir que no son capaces de entender quién eres realmente? Nadie excepto tú sabe en qué medida tus éxitos públicos enmascaran tus fracasos privados. ¿Aspiras a sacar más de la próxima fase de la vida de lo que has obtenido hasta ahora?
La mayoría de nosotros no quiere vagar sin un objetivo, tomando la vida como viene. Queremos asumir las riendas de nuestro destino y fijar metas que podríamos alcanzar progresivamente, conforme con un plan. Sin embargo hay cosas en nuestras vidas que nos limitan.
Tú sólo puedes corregir lo que estés dispuesto a confrontar. Ahora bien, tengo que reconocer que la confrontación no es siempre algo que yo disfruto. Pero he aprendido a lo largo de los años a decir lo que tiene que decirse y a enfrentar lo que tiene que enfrentarse.
Muchos eligen vivir en un perpetuo estado de negar lo evidente en lugar de hacer el esfuerzo necesario para confrontar los problemas, las debilidades y las inconsecuencias en sí mismos y en los demás.
¿Tienes el valor de enfrentar al enemigo tenebroso y silenciosamente siniestro que puede estar acechando dentro de ti? ¿Tienes el valor de confrontarte? No te preocupes, yo estoy aquí contigo. Con el fin de restaurar y de no ocultar nada, examinemos de corazón a corazón algunos problemas que pueden estar impidiéndote alcanzar tus metas y vivir tu vida a plenitud. Las cosas pueden cambiar de la manera que quieres si estás dispuesto a escuchar la verdad.
Detén la locura
Tal vez estés familiarizado con el proceso conocido como intervención, usado con frecuencia en casos de abuso de bebidas alcohólicas y drogas, así como para adicciones a conductas nocivas. La intervención es una valiosa herramienta para ayudar a la persona que tiene una conducta destructiva a ver sus patrones de comportamiento y sus efectos en los que le rodean. En tanto un individuo rehusará admitir el problema y resistirá la asistencia de amigos y familiares que intenten ayudarlo individualmente, la intervención reúne todo el círculo de personas que tienen una relación afectiva con el adicto, a menudo valiéndose del elemento sorpresivo. Rodeado por aquellos que mejor la conocen, la persona se ve obligada a reflexionar sobre su adicción o su conducta compulsiva y a examinar su vida, acaso enfrentando la verdad sobre ella misma por primera vez. Mientras cada persona presente comparte lo que ve y siente respecto al deterioro de sus relaciones, al adicto le resulta imposible negar la existencia del problema. Aquí está la gente que lo quiere más, todos ellos compartiendo observaciones, preocupaciones y soluciones para el problema que se ha apoderado de su vida.
Las intervenciones pueden ser extremadamente efectivas en ayudar a los adictos a aceptar la ayuda que necesitan. Cuando se llevan a cabo en un espíritu de amor y de aliento, la intervención puede salvar la vida del adicto y revivir en él un mundo de oportunidades lleno de salud y bienestar. Es sencillamente sorprendente cómo el amor puede imponerse a las obsesiones, adicciones y adversidades. El amor puede ser un recurso tremendamente disuasorio de la conducta destructiva; le da al individuo el apoyo que necesita para cambiar su vida. Aunque la Biblia dice que el amor es fuerte como la muerte, es ciertamente más fuerte que las deudas, el divorcio, la depresión o cualquier obstáculo.
Esta intervención no consistirá en un grupo normal de individuos lacrimosos y emocionados. Tú probablemente no eres adicto a las drogas, y no llevas un estilo de vida destructivo, pero ha habido una erosión en el desarrollo y la realización de tu vida. ¡Hoy estamos llevando a cabo una intervención para sacarte de ese atolladero!
¿Quiénes nos acompañan? Podríamos ciertamente contar con el testimonio de tu cónyuge o de un socio; ellos han presenciado las consecuencias de tu apatía. Tus hijos podrían hablar también. Tal vez tu mejor amigo. Tus hermanos y hermanas. Tus padres. Tus compañeros de trabajo. Tu pastor. Tu apatía ha afectado a cada uno de ellos, embotando tu talento y tus aspiraciones y ocultándoles lo mejor de ti mismo. Muchas personas en tu círculo inmediato pueden darse cuenta de que vives tu vida de una manera que está muy por debajo de tus posibilidades y de tu carácter. Pregúntales a aquellas personas de tu círculo íntimo lo que han notado y presenciado en tu vida.
Por ahora, imagínate que acabas de llegar a casa del trabajo y, al entrar, te encuentras inesperadamente, sentados alrededor de la mesa, a los amigos a quienes les importas lo suficiente para venir a esta intervención a sacar tu vida del triste ámbito de lo ordinario y hacerla entrar en la esfera espectacular de pensar en posibilidades extraordinarias. Supuestamente para apoyarte, pero más precisamente, como hemos de ver, para silenciosamente facultarte. Estos amigos te están confrontando. ¿Estás preparado?
El soñador distante
La frente de Sonia se perla de gotas de sudor mientras abre la boca para hablar. Tú conoces a Sonia. Ella es la soñadora que siempre estuvo cerca de ti en los primeros años. Ella es como la voz del sistema de navegación de tu auto, la que solía orientar tus decisiones. Últimamente, ha estado callada, silenciosa, mientras tú hacías un giro equivocado tras otro, retrasando tus llegadas y afectando tu avance. Pero ahora, con un cierto nerviosismo, odiando el haber sido elegida para romper el hielo, con la garganta reseca y la voz quebrada, ella comienza el proceso:
«Es tan penoso ver cómo te has ido transando cada vez por menos en tu vida, trabajando en un empleo que está por debajo de tus talentos y capacidades, aceptando los papeles que otros te asignan, abandonando los impulsos creativos que alguna vez alimentaron tus aspiraciones. Soy la parte de ti que anhela que seas todo eso para lo que fuiste creado, el soñador que hay dentro de ti que le gusta mirar hacia adelante y aspirar a lo máximo.
«Recuerdo los grandes planes que teníamos al principio. Sabíamos que habría obstáculos, pero éramos jóvenes y teníamos la mirada puesta en las estrellas. Íbamos a llegar más allá de donde habías llegado, a tener una existencia más plena, más rica, más liberada. Tenías tanta imaginación y la visión de por dónde íbamos a ir y cómo íbamos a llegar. Podía imaginarte desarrollándote, llegando y obteniendo una vida llena de satisfacción, alegría y regocijo».
¡Es obvio para los otros que aguardan su turno para hablar que los muros de tu defensa son tan altos y formidables como las murallas de Jericó! Sonia lo sabe también. Pero con una fuerza que sólo nos asiste cuando finalmente compartimos la verdad, ella revela sus preocupaciones. Ahora se da cuenta de que debe haberte dicho esto hace años en lugar de dejar, calladamente, que perdieras el rumbo.
«¿Sabes cuán difícil ha sido para mí? Quiero decir, yo te quiero, y odio ver que tu vida se hace cada vez más difícil y que tu capacidad de ver la cima que alguna vez fue tu destino y tu motivación parece desaparecer en la diaria neblina de trabajar, vivir y luego trabajar aún más». Mirándote a los ojos por primera vez, ella prosigue: «Observo cómo tus circunstancias se hacen cada vez más difíciles y más denso el aire que exhalan tus pulmones. Cunden los desencantos, seguidos por pérdidas y realidades que amenazaron tus esperanzas de experimentar alguna vez una vida diferente y mejor que te permitiría ser quien realmente eres y vivir a la altura de los dones que Dios te dio. Los que se encontraban a tu alreded...