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4.0 out of 5 stars
How much we can trust each other?, March 26, 2003
This is the first novel by Javier Marias i have read. The rythm is slow, enough to review a tragic episode from the Spanish Civil war and make philosophy of our trust/distrust behaviors. The framework of the civil war and the second world war memories puts these behaviors under the disappointing review of Mr. Wheeler, a former british spy, and in the present of the fiction professor at Oxford university and friend of Jacques Deza (the alter ego of Marias in the novel, and the voice in off).
Javier Marias makes me remember the stories written by Jorge Luis Borges. The story, the characters, the facts, are only instruments, temporal (and atractive, and suitable) vehicles to send a message. The entire novel is only a messenger. And the message is a bunch of questions, historical facts, Javier Marías personal insights, and very interesting things about language and feelings, that every reader should "translate", on his/her personal memories, silences, and fears.
It is not a happy story. And you won't finish the book with terrific feelings about people and their deeds. But i think it is a good story to be aware about the recent history of our modern trust on institutions and people, and how vulnerable we could be if we don't see reality, just see it, plainly, instead of using the glasses of fantasy, illusion, and foolishness. And this what i take to me from this long story: our vulnerability towards our fantasies and illusions, and our resistance to see plainly, with no prejudices, reality around us, and in the hearts of the people we met.
A great thought provoking novel.
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5.0 out of 5 stars
"Tu rostro mañana" o los dilemas morales del Estado, December 13, 2011
Escrita a lo largo de ocho años, publicada en tres entregas entre 2002 y 2007 y finalmente reunida en un volumen de 1,325 páginas en 2009, Tu rostro mañana, de Javier Marías, es, sin duda alguna, la novela de espionaje más ambiciosa escrita en español.
No es, sin embargo, un producto típico de este género, usualmente asociado a la acción trepidante del inframundo de los agentes operativos, sus informantes y sus agentes de control; de los servicios secretos, sus conspiraciones nacionales e internacionales y eventuales despliegues creativos de tecnología de vanguardia. Después de todo, no hay en Tu rostro mañana una gran misión por realizar, nadie a quien liberar, matar o derrocar. O por lo menos, no es esto lo más importante.
El eje principal sobre el cual gira la novela es más bien el conjunto de actividades menos estridentes -y más perturbadoras- de un grupo creado en Inglaterra para realizar tareas de espionaje no convencional, cuyos selectos integrantes están dotados de la facultad de "interpretar" a las personas, es decir de anticipar, a partir de un único encuentro con ellas, en qué dirección actuarían de darse determinadas situaciones. De cernir a futuro su potencial de doblez o integridad, amor u odio, cobardía o valentía, fuerza o debilidad, traición o lealtad. De ver en su rostro de hoy su rostro mañana.
Esto no instala la novela en el género de la ciencia ficción. Al fin y al cabo, las agencias de espionaje no han dudado en el pasado a médiums, brujas, telépatas o personas de supuestos poderes extrasensoriales en sus esfuerzos por no escatimar arma alguna, por ridícula que pudiera parecer, en la guerra sin cuartel contra los enemigos de turno.
Si bien se nos insinúa que el grupo, que carece deliberadamente de nombre, opera al servicio del MI5 y del MI6, los equivalentes británicos del FBI y de la CIA, también trabaja realizando bien remuneradas tareas de espionaje industrial para corporaciones inglesas no especificadas, con la razón o el pretexto de que "los intereses de estas son los mismos de la nación". (Por supuesto, esto también es verosímil en un mundo como el actual, en que el poder de los estados se subordina cada vez más al de las grandes compañías, y en que los primeros utilizan los recursos públicos en defensa de los intereses privados de los segundos. Si este problema parece lejano, recordemos solo dos palabras: Yanacocha y petroaudios).
Jacobo -o Jaime o Jake- Deza, el protagonista y narrador de la novela, es un antiguo profesor español de la Universidad de Oxford que está atravesando un periodo de convalecencia sentimental en Londres, donde realiza un trabajo radial para la BBC. Un viejo amigo, Sir Peter Wheeler, un hispanista jubilado que ha trabajado en su día para el MI6 -personaje extensiva y entrañablemente inspirado en el prominente estudioso Sir Peter Russell-, lo invita, después de confirmar su extraordinaria capacidad para "interpretar" a las personas, a formar parte del grupo, liderado por el indiscernible y enigmático Bertram Tupra. Deza, sin demasiada motivación para decir que sí pero tampoco para negarse, acepta.
El grupo tiene una actividad frenética. Una innumerable cantidad de políticos, intelectuales, artistas y personajes de la farándula desfila por sus lectores de DVD, que han registrado programas de televisión, entrevistas, intervenciones parlamentarias, discursos, ruedas de prensa, interrogatorios en prisiones, destinados o no al ojo público, editados o presentados en su integridad, y a partir de los cuales los miembros del grupo deben emitir un veredicto. ¿Se puede confiar en tal artista? ¿Cómo reaccionaría tal político en caso de intento de extorsión? ¿Es tal candidato a tal puesto tan íntegro como parece o claudicaría en una situación de crisis? ¿Es permeable a la intimidación aquel intelectual crítico del gobierno?
La información resultante es, por supuesto invalorable y las posibilidades de sacarle provecho -aunque no tenga, no pueda tener, garantía de verdad- es infinita.
Algunas de sus actividades tienen un objetivo político claro. En un encuentro directo con un general venezolano que se halla de visita en Londres y que desea obtener apoyo -no oficial, por supuesto- del gobierno británico a un eventual intento de derrocamiento de Hugo Chávez, el grupo "interpreta" al visitante y llega a la conclusión de que, si llegara la oportunidad y no hubiera otra salida, este no se atrevería a matar al presidente, y así lo indican en su informe. No se nos dice quién es el destinatario, pero es lógico pensar que se trata de las altas esferas políticas y militares inglesas. (Luego el grupo confirmará su "lectura" del general venezolano en cuestión, al enterarse por televisión de la frustrada asonada golpista del 2004 en Venezuela, que no contó con el espaldarazo del gobierno británico).
Sin embargo, los beneficiarios directos de las actividades del grupo a veces no son tan obvios, y permanecen en el anonimato incluso para sus propios miembros (Deza incluido). Un caso emblemático de esto es la cita que Bertram Tupra tiene en una discoteca con Arturo Manoia, un siciliano vinculado oscuramente a la mafia, y de quien nunca llegamos a saber si es informante o cliente, o ambos. Manoia ha venido al encuentro con Flavia, su esposa, y Deza también ha sido invitado a la reunión, oficialmente para ayudar con la traducción, pero en realidad para entretener a la señora mientras Tupra y Manoia conversan, protegidos por el bullicio del ambiente.
En esta escena, que es la central de la novela, Deza saca a Flavia, a instancias de Tupra, a bailar. En un descanso entre baile y baile, reconoce en la discoteca a Rafael De la Garza, un conocido, español como él, de también conocida impertinencia. En un momento de distracción de Deza, el impertinente y Flavia han desaparecido. Deza los busca, sin éxito, y Tupra, irritado, decide tomar el asunto en sus propias manos. Tupra logra encontrarlos: están bailando eufóricamente en un lugar alejado de la pista de baile. Hay motivo de alarma: halagada por la flamante atención que recibe y metida completamente en la danza, Flavia no se da cuenta de los rasguños cada vez más ostensibles que la malla que el sujeto lleva en la cabeza está dejando en su rostro.
Tupra consigue convencerla de que vaya al baño de mujeres y se retoque, para que las heridas sean menos visibles. Y logra persuadir a De la Garza, gracias a la ayuda de Deza, de que lo espere en el baño de minusválidos. Una vez ahí, Tupra toma contra De la Garza una represalia brutal, contundente, pero quirúrgica, en la que el impertinente sale magullado, masacrado, pero con vida.
Deza, indignado por haber colaborado sin su consentimiento en una acción violenta, protesta: "No se puede ir por el mundo así, violentando y matando a la gente". La respuesta de Tupra -la clave de la novela- es a su vez una pregunta: "¿Y por qué no?"
Tupra le demuestra por qué el castigo contra De la Garza constituía, dadas las circunstancias, el mal menor. Al final de una larga sesión de videos -en la que vemos a políticos, artistas, celebridades o personas comunes y corrientes cuya vida privada puede en algún momento ser útil, realizando comportamientos chantajeables (hum, esto a los peruanos creo que nos suena familiar ¿no?)- somos testigos de cómo Manoia ejecuta con sus propias manos y sin que estas le tiemblen, a un probable traidor o confidente. La deducción es obvia: dejar a De la Garza a merced de la venganza del implacable y cruel Manoia -quien no habría dejado la afrenta sin réplica- hubiera sido el mal mayor. La soberana paliza de Tupra a De la Garza era inevitable.
Un indignado Deza se resiste con todas las fuerzas de su conciencia a las repercusiones de esta lógica moral -la protagonista de Tu rostro mañana-, pero esta opera como un veneno que se le ha inoculado y que empieza a hacer efecto en su conducta. Cuando se entera de que su esposa Luisa, de quien Deza se haya separado, está saliendo con un tipo que la golpea -con o sin su consentimiento, no lo sabemos-, no duda en apelar al recurso recién aprendido del escarmiento violento e intimidatorio, del que hubiera sido antes incapaz.
Despreocúpese el lector si piensa que con lo que he revelado de la trama ya sabe demasiado y puede ahorrarse la lectura de la novela. El arte de Marías es el arte de la digresión, en su caso de fuertes reminiscencias proustianas, que consiste en dejarse llevar por las asociaciones y meandros que le va proponiendo el relato, pero con una clarísima hoja de ruta como referencia de a dónde debe regresar cuando desea recuperar el rumbo.
Con esta técnica el autor español se permite jugar con ideas-motivo -nadie quiere ver, nadie quiere enterarse de lo que ya sabe; nadie debería contar nunca nada; nadie debería pedir nunca nada, etc.- que rondan la novela como un sueño -o pesadilla- recurrente y le permiten al autor bucear en el alma de sus...
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