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Steve Jobs: Edición en Español (Spanish Edition) (Spanish) Paperback – November 1, 2011


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Product Details

  • Paperback: 752 pages
  • Publisher: Vintage Espanol; Tra edition (November 1, 2011)
  • Language: Spanish
  • ISBN-10: 030795028X
  • ISBN-13: 978-0307950284
  • Product Dimensions: 5.2 x 1.5 x 8 inches
  • Shipping Weight: 1.5 pounds (View shipping rates and policies)
  • Average Customer Review: 4.4 out of 5 stars  See all reviews (105 customer reviews)
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Editorial Reviews

About the Author

Walter Isaacson, presidente del Instituto Aspen, ha sido presidente de la CNN y director ejecutivo de la revista Time. Es autor de Einstein, su vida y su universo, Benjamin Franklin: An American Life y Kissinger: A Biography, y es coautor, con Evan Thomas, de The Wise Men: Six Friends and the World They Made. Vive con su esposa en Washington, D.C.

Excerpt. © Reprinted by permission. All rights reserved.

Posicionamiento
 
La personalidad de Jobs se veía reflejada en los productos que creaba. En la base misma de la filosofía de Apple, desde el primer Macintosh de 1984 hasta el iPad, una generación después, se encontraba la integración completa del hardware y el software, y lo mismo ocurría con el propio Steve Jobs: su personalidad, sus pasiones, su perfeccionismo, sus demonios y deseos, su arte, su difícil carácter y su obsesión por el control se entrelazaban con su visión para los negocios y con los productos innovadores que surgían de ella.

La teoría del campo unificado que une la personalidad de Jobs y sus productos comienza con su rasgo más destacado: su intensidad. Sus silencios podían resultar tan virulentos como sus diatribas. Había aprendido por su cuenta a mirar fijamente sin pestañear. En ocasiones esta intensidad resultaba encantadora, en un sentido algo obsesivo, como cuando explicaba la profundidad de la música de Bob Dylan o por qué el producto que estaba presentando en ese momento era lo más impresionante que Apple había creado nunca. En otras ocasiones podía ser aterrador, como cuando despotricaba acerca de cómo Google o Microsoft habían copiado a Apple.

Esta intensidad fomentaba una visión binaria del mundo. Sus compañeros se referían a ella como la «dicotomía entre héroes y capullos». Podías ser una cosa o la otra, y a veces ambas a lo largo de un mismo día. Otro tanto ocurría con los productos, con las ideas e incluso con la comida. Un plato podía ser «lo mejor que he probado nunca» o bien una bazofia asquerosa e incomestible. Como resultado, cualquier atisbo de imperfección podía dar paso a una invectiva. El acabado de una pieza metálica, la curva de la cabeza de un tornillo, el tono de azul de una caja, la navegación intuitiva por una pantalla: de todos ellos solía afirmar que eran «completamente horribles» hasta el momento en que, de pronto, decidía que eran «absolutamente perfectos». Se veía a sí mismo como un artista, lo era, y se comportaba como tal.

Su búsqueda de la perfección lo llevó a su obsesión porque Apple mantuviera un control integral de todos y cada uno de los productos que creaba. Le daban escalofríos, o cosas peores, cuando veía el gran software de Apple funcionando en el chapucero hardware de otra marca, y también era alérgico a la idea del contenido o las aplicaciones no autorizadas que pudieran contaminar la perfección de un aparato de Apple. Esta capacidad para integrar el hardware, el software y el contenido en un único sistema unificado le permitía imponer la sencillez. El astrónomo Johannes Kepler afirmó que «la naturaleza adora la sencillez y la unidad». Lo mismo le ocurría a Steve Jobs.

Este instinto por los sistemas integrados lo situaba directamente en un extremo de la discusión más fundamental del mundo digital: los sistemas abiertos contra los cerrados. Los valores de los hackers que se impartían en el Homebrew Computer Club favorecían los sistemas abiertos, en los que el control centralizado era escaso y la gente tenía libertad para modificar el hardware y el software, compartir los códigos de programación, escribir mediante estándares abiertos, rechazar los sistemas de marca registrada y crear contenidos y aplicaciones compatibles con una gran variedad de dispositivos y sistemas operativos. El joven Wozniak se enmarcaba en ese campo; el Apple II que diseñó se podía abrir con facilidad y contaba con un montón de ranuras y puertos en los que los usuarios podían conectar tantos periféricos como quisieran. Con el Macintosh, Jobs se convirtió en uno de los padres fundadores de la concepción contraria. El Macintosh era como un electrodoméstico, con el hardware y el software
estrechamente interrelacionados y cerrados ante las posibles modificaciones. El código de los hackers se sacrificaba para crear una experiencia de usuario integrada y sencilla.

Todo esto empujó a Jobs a decidir que el sistema operativo del Macintosh no estaría a disposición del hardware de ninguna otra compañía. Microsoft planteó la estrategia opuesta, permitiendo que su sistema operativo Windows se licenciara con promiscuidad. Aquello no daba lugar a los ordenadores más elegantes del mundo, pero sí hizo que Microsoft dominara el mundo de los sistemas operativos. Después de que la cuota de mercado de Apple se redujese a menos del 5 %, la táctica de Microsoft se declaró vencedora en el campo de los ordenadores personales.

A largo plazo, no obstante, el modelo de Jobs demostró que ofrecía ciertas ventajas. Incluso con una cuota de mercado menor, Apple fue capaz de mantener un enorme margen de beneficios mientras otros fabricantes de ordenadores se convertían en productores de bienes genéricos de consumo. En 2010, por ejemplo, Apple solo contaba con el 7 % de los beneficios del mercado de los ordenadores personales, pero se hizo con el 35 % del resultado operativo.

Lo que resulta más significativo aún es que, a principios de la década de 2000, la insistencia de Jobs en conseguir una integración completa le ofreció a Apple la ventaja a la hora de desarrollar una estrategia de centro digital, que permitía que el ordenador de sobremesa se conectara a la perfección con diferentes dispositivos móviles. El iPod, por ejemplo, formaba parte de un sistema cerrado y firmemente integrado. Para utilizarlo, debías emplear el software iTunes de Apple y descargar el contenido de su tienda iTunes. El resultado fue que el iPod, del mismo modo que el iPhone y el iPad que vinieron después, era una elegante maravilla en comparación con los deslavazados productos de la competencia, que no ofrecían una experiencia integral completa.

La estrategia dio resultado. En mayo de 2000, el valor de mercado de Apple era veinte veces menor que el de Microsoft. En mayo de 2010, Apple superaba a Microsoft como la compañía tecnológica más valiosa, y en septiembre de 2011 su valor se encontraba un 70 % por encima del de Microsoft. En agosto se había convertido en la compañía más valiosa del mundo.

Para entonces, la batalla había comenzado de nuevo en el mundo de los dispositivos móviles. Google adoptó la postura más abierta, y dispuso que su sistema operativo Android estuviera al alcance de cualquier fabricante de tabletas o teléfonos móviles. En 2011, su cuota en el mercado de los teléfonos móviles igualaba a la de Apple. La desventaja del carácter abierto de Android era la fragmentación resultante. Varios fabricantes de móviles y tabletas modificaron Android para crear decenas de variedades y sabores, lo que dificultaba que las aplicaciones pudieran mantener su consistencia o aprovechar al máximo sus características. Ambos enfoques tenían sus propios méritos. Algunas personas querían tener la libertad de utilizar sistemas más abiertos y contar con una mayor variedad de opciones de hardware; otras preferían sin dudarlo la firme integración y el control de Apple, que daban como resultado productos con interfaces más simples, baterías más duraderas, un uso más sencillo y una gestión de los contenidos más fácil.
La desventaja de la postura de Jobs era que su deseo de maravillar al usuario lo llevaba a resistirse a concederle ningún poder. Entre los defensores más reflexivos de los entornos abiertos se encuentra Jonathan Zittrain, de Harvard. Su libro El futuro de internet... y cómo detenerlo comienza con una escena en la que Jobs presenta el iPhone, y alerta acerca de las consecuencias de sustituir los ordenadores personales por «dispositivos estériles encadenados a una red de control». Cory Doctorow realiza una defensa aún más ferviente en el manifiesto que escribió, titulado «Por qué no voy a comprarme un iPad», para Boing Boing. «El diseño demuestra una gran reflexión e inteligencia, pero también se aprecia un desprecio palpable por el usuario —escribió—.

Comprarles un iPad a tus hijos no es la forma de fomentar la idea de que el mundo es suyo para que lo desmonten y lo vuelvan a construir; es una forma de decirle a tu prole que incluso el cambio de baterías es algo que deberías dejar a los profesionales».

Para Jobs, creer en el planteamiento integrado era una cuestión de rectitud moral. «No hacemos estas cosas porque seamos unos obsesos del control —explicó—. Las hacemos porque queremos crear grandes productos, porque nos preocupamos por el usuario y porque queremos responsabilizarnos de toda su experiencia en lugar de producir la basura que crean otros fabricantes». También creía que estaba prestándo un servicio al público: «Ellos están ocupados haciendo lo que mejor se les da, y quieren que nosotros hagamos lo que mejor se nos da. Sus vidas están llenas de compromisos, y tienen cosas mejores que hacer que pensar en cómo integrar sus ordenadores y sus dispositivos electrónicos».

Esta postura iba en ocasiones en contra de los intereses comerciales a corto plazo de Apple. Sin embargo, en un mundo lleno de dispositivos chapuceros, de software inconexo, de inescrutables mensajes de error y de molestas interfaces, el enfoque integrado daba como resultado productos impresionantes marcados por una cautivadora experiencia del usuario. Utilizar un producto de Apple podía resultar tan sublime como pasear por uno de los jardines zen de Kioto que Jobs adoraba, y ninguna de esas experiencias tenía lugar al postrarse ante el altar de los sistemas abiertos o al permitir que florezcan un millar de flores. En ocasiones resulta agradable quedar en manos de un obseso del control.

Jobs atribuía su capacidad para concentrarse y su amor por la sencillez a su formación zen, que había afinado su sentido de la intuición, le había enseñado a filtrar cualquier elemento que resultase innecesario o que lo distrajera, y había alimentado en él una estética basada en el minimalismo.
Desgraciadamente, su formación zen nunca despertó una calma o serenidad interior propias de esta filosofía, y eso también forma parte de su legado. A menudo se mostraba muy tenso e impaciente, y no se esforzaba por ocultarlo. La mayoría de las personas cuentan con un regulador entre el cerebro y la boca que modula los sentimientos más bruscos y los impulsos más hirientes. Eso no ocurría en el caso de Jobs. Él tenía a gala el ser brutalmente sincero. «Mi trabajo consiste en señalar cuándo algo es un asco en lugar de tratar de edulcorarlo», afirmó. Eso lo convertía en una persona carismática e inspiradora, pero en ocasiones también, por usar el término técnico, en un gilipollas.

Andy Hertzfeld me dijo una vez: «La pregunta que me encantaría que respondiera Steve es: “¿Por qué eres tan cruel algunas veces?” ». Incluso los miembros de su familia se preguntaban si sencillamente carecía del filtro que evita que la gente dé rienda suelta a sus pensamientos más hirientes o si hacía caso omiso de él de forma consciente. Jobs aseguraba que la respuesta era la primera opción. «Yo soy así, y no puedes pedirme que sea alguien que no soy», respondió cuando le planteé la pregunta. Sin embargo, creo que sí podría haberse controlado algo más si hubiera querido. Cuando hería a alguien no era porque careciera de sensibilidad emocional. Al contrario: podía evaluar a las personas, comprender sus pensamientos más íntimos y sabía cómo conectar con ellas, cautivarlas o herirlas según su voluntad.

Este rasgo desagradable de su personalidad no era necesario. Le estorbaba más de lo que le ayudaba. Sin embargo, en ocasiones sí que servía para un fin concreto. Los líderes educados y corteses que se preocupan por no molestar a los demás resultan por lo general menos eficaces a la hora de forzar un cambio. Decenas de los compañeros de trabajo que más sufrieron los ataques de Jobs acababan su letanía de historias de terror afirmando que había conseguido que hicieran cosas que nunca creyeron posibles.

La historia de Steve Jobs es un claro ejemplo del mito de la creación de Silicon Valley: el comienzo de una compañía en el proverbial garaje y su transformación en la empresa más valiosa del mundo. Jobs no creó muchas cosas de la nada, pero era un maestro a la hora de combinar las ideas, el arte y la tecnología, y de inventar el futuro. Diseñó el Mac tras valorar el poder de las interfaces gráficas de un modo que Xerox había sido incapaz de hacer, y creó el iPod tras apreciar la maravilla que suponía tener con mil canciones en el bolsillo con una eficacia que Sony (que contaba con todos los elementos y los recursos) nunca pudo alcanzar. Algunos líderes fomentan la innovación al considerar una perspectiva más general. Otros lo logran mediante el dominio de los detalles. Jobs hizo ambas cosas de forma implacable. Como resultado revolucionó seis industrias: ordenadores personales, películas de animación, música, teléfonos, tabletas, y edición digital.

¿Era inteligente? No, no excepcionalmente. Y, sin embargo, era un genio. Sus saltos imaginativos eran instintivos, inesperados y en ocasiones mágicos. Fue, sin duda,  un ejemplo de lo que el matemático Mark Kac llamaba un «genio matemático», alguien cuyas ideas salen de la nada y requieren más intuición que una mera potencia de procesamiento mental. Como si fuera un explorador, podía absorber la información, percibir el cambio del viento e intuir qué iba a encontrar en su camino.

Así pues, Steve Jobs se convirtió en el ejecutivo empresarial de nuestra era con más posibilidades de ser recordado dentro de un siglo. La historia lo consagrará en su panteón justo al lado de Edison y Ford. Consiguió, como nadie en su época, crear productos completamente innovadores que combinaban el poder de la poesía y los procesadores. Con una ferocidad que podía hacer que trabajar con él fuera tan perturbador como inspirador, también construyó la compañía más creativa del mundo. Además, fue capaz de grabar en su ADN la sensibilidad por el diseño, el perfeccionismo y la imaginación que probablemente la lleven a ser, incluso dentro de varias décadas, la compañía que mejor se desenvuelva en la intersección entre el arte y la tecnología.

More About the Author

Walter Isaacson, the CEO of the Aspen Institute, has been chairman of CNN and the managing editor of Time magazine. He is the author of Benjamin Franklin: An American Life and of Kissinger: A Biography, and the coauthor of The Wise Men: Six Friends and the World They Made. He lives in Washington, D.C., with his wife and daughter.

Customer Reviews

If you are an English speaker and are attempting to improve your Spanish by reading this book, please try somewhere else.
Gaston Draque
This is an excellent read for an inside look of a man that changed world history with his way of thinking of technology and his decisions to bring his vision to life.
Excursioner
The book Steve Jobs by Walter Isaacson paints Steve's life story by describing how Steve dedicates his life to his company, Apple.
The power of the book

Most Helpful Customer Reviews

10 of 11 people found the following review helpful By Excursioner on November 1, 2011
Format: Paperback Verified Purchase
This is an excellent read for an inside look of a man that changed world history with his way of thinking of technology and his decisions to bring his vision to life. This is THE book if you want to know about Steve Job's life. I was impressed how fast the Spanish translation was released, in less than three weeks the english version was in stores. I hope to see soon the spanish edition in hardcover, just like the english one.
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Format: Paperback Verified Purchase
This is a nice book, my only complaint is the lack of photos that appear on the english version. Why the Vintage Spanol didn't put all the images???

Este est un libro muy interesantes, mi única queja es la falta de fotografias que la versión en ingles sí posee. Por que el editorial Vintage Espanol no publico el mismo contenido que la versión en inglés????
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11 of 13 people found the following review helpful By Gaston Draque on January 13, 2012
Format: Paperback
:en/ The translation made by J. David González-Iglesias González/Torreclavero is not only bad, but to Jobs regret, looks like it was done using Google Translate!
It is obvious that neither the translator nor the editor, are native Spanish speakers... and if they are, they aught to go back to school or at least get their money back.
I have never read a book that matches this one in the amount and variety of wrongly translated expressions and basic grammar errors.
If you are an English speaker and are attempting to improve your Spanish by reading this book, please try somewhere else. If on the other hand, you are a Spanish speaker, then be warned your eyes will hurt.

Despite the editors and translators enormous efforts in destroying this book, Mr. Walter Isaacson does a great job in describing the complexities that helped shape the genius that once lived in Steve Jobs...

To confirm what I thought to be obvious, I ordered the English version of the book and compared them.
I am sure Steve Jobs would have killed the translator!
___________________________________________________________________________________

:es/ La traducción de J. David González-Iglesias González/Torreclavero no solo es mala, sino que a veces, y muy a pesar de Jobs, parece haber sido hecha por Google Translate! Es evidente que tanto el traductor como el editor, no hablan español nativo, y si es así, tienen que volver a las aulas o al menos pedir que les devuelvan el dinero.
Nunca había leído un libro que tuviese esta cantidad y variedad de errores de traducción y gramática básica.
Si Ud.
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3 of 3 people found the following review helpful By Eleanor Teran on August 23, 2012
Format: Paperback Verified Purchase
Una historia muy interesante, de un tipo obsesivo, antipatico sin un sentido de compasion por los demas, pero un genio en los negocios, y la innovacion. Al parecer los locos son los que cambian el mundo. Que vision tuvo y como logro hacer una diferencia.
Si lles ingles, compralo en ese idioma, esta traduccion es muy pobre. Ademas esta en espanol de espana con frases que no tienen sentido.. Terrible...
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3 of 3 people found the following review helpful By willian obando on December 10, 2011
Format: Paperback Verified Purchase
El libro sobre la biografía del genio Steve Jobs es realmente un testimonio de la espectacular carrera creativa e inventiva de una persona sin igual, gracias a su visión y pasión por sus sueños nos beneficiamos de la tecnología mas avanzada del mundo, de igual forma como se ha recopilado y redactado la información es una completa aventura, este libro es un hit en la historia del mundo.
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2 of 2 people found the following review helpful By Mauricio on January 5, 2012
Format: Paperback Verified Purchase
Es una excelente bibliográfica de Steve Jobs que nos habla de todo lo que tuvo que hacer para llegar tan lejos.
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1 of 1 people found the following review helpful By Kat on January 22, 2012
Format: Paperback Verified Purchase
The bookbinding is not good quality.The print is so small that it is difficult to read.They should give an option on purchading larger print.
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1 of 1 people found the following review helpful By Drea on January 17, 2012
Format: Paperback Verified Purchase
Gave this to my dad for christmas, he loves it. Takes it everywhere with him. I hear its a great book! I look forward to borrowing it when he's done. This particular edition is in Spanish. My dad is a native spanish speaker and says the book is written well. I'd buy it again.
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